miércoles, 1 de agosto de 2012

La dependencia afectiva


Aunque tradicionalmente se ha ligado el concepto de dependencia al consumo de sustancias tóxicas, en los últimos años se ha comprobado que la dependencia es un fenómeno mucho más amplio y complejo.
Las nuevas adicciones, socioadicciones o adicciones no tóxicas son tres formas diferentes de nombrar a determinadas dependencias que presentan una sintomatología similar a la que provoca el consumo de drogas.
La ludopatía o juego patológico, la adicción a las compras, a las nuevas tecnologías, al sexo o a los grupos (sectarismo) son algunas de estas dependencias sin sustancia.
En este artículo se abordará otro tipo de dependencia muy extendido: la dependencia afectiva. Se calcula que al menos una de cada diez personas puede sufrir  una dependencia afectiva.
Los dependientes emocionales presentan alteraciones a nivel relacional e intrapsíquico en tres grandes áreas:
Autoestima: el dependiente emocional tiene una baja autoestima y un pobre autoconcepto.
Relaciones interpersonales: el dependiente emocional suele tener un déficit de habilidades sociales y una gran necesidad de agradar, por lo que amolda sus conductas a las de aquellas personas especialmente significativas.
Relación de pareja: el dependiente emocional prioriza a la pareja sobre cualquier otra persona o actividad, hiperfuncionando para el/ella. La pareja se presenta idealizada y esto unido a su pobre autoestima provoca que el dependiente emocional se subordine a su pareja.
Las relaciones de pareja en las que uno o ambos miembros son dependientes emocionales son típicamente desequilibradas, pudiendo incluso aceptarse el maltrato psíquico o físico.
Al igual que los adictos a sustancias los dependientes emocionales pueden no reconocer la existencia de un problema. Es común que sean los familiares y amigos los que primero adviertan la situación y también que, al hacérselo saber al afectado, éste lo niegue o piense que los demás están exagerando.
Cuando una persona comienza a tomar conciencia del problema puede empezar a plantearse la conveniencia de acudir a un profesional. En una terapia se pueden analizar los orígenes de la dependencia  y fortalecer ciertas áreas de la vida del individuo. Una persona con mayor sensación de plenitud es una persona más protegida, ya que la dependencia emocional pierde su función de rellenar un vacío existencial.

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