Mostrando entradas con la etiqueta Adicciones no tóxicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adicciones no tóxicas. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de mayo de 2015

Baja la edad media de las personas adictas a los juegos de azar

Según el V Informe de Percepción social sobre el juego de azar en España 2014 el intervalo de edad de los adictos al juego en España ha bajado a los 18-25 años. Como posibles causas de esta bajada se apunta a la aparición de Internet y a la legalización del juego on-line.

En la modalidad offline las apuestas deportivas presenciales se han convertido en la segunda causa de ludopatía en nuestro país. El perfil del jugador online y offline es bastante parecido: jovenes solteros, hombres en su mayoría, que conviven con sus padres.

Puede consultar el informe completo pulsando sobre estas líneas

viernes, 21 de marzo de 2014

La obsesión por el ejercicio o vigorexia

Las personas que padecen vigorexia suelen ser jóvenes de entre 18 a 35 años. Tradicionalmente ha sido más frecuente en los varones, aunque en los últimos años se está produciendo un aumento de casos entre las mujeres.

La vigorexia puede darse, principalmente, por dos causas:

 - Por una alteración de la imagen corporal, que hace que el afectado nunca se vea lo suficientemente fuerte o en forma.

 - En personas que, sin tener una alteración en su imagen corporal, practican ejercicio de forma compulsiva, entrenando diariamente y sintiéndose mal si no lo hacen.

  La vigorexia suele tener que ver con una falta de autoestima, y podríamos clasificarla dentro de lo que se ha dado en llamar adicciones no tóxicas o socioadicciones.

  Para poder superar una vigorexia suele ser necesario un apoyo psicológico y/o psiquiátrico que ayude a la persona a tener una relación sana con el deporte. Para ello es necesario conseguir que los afectados cambien su propia autoimagen corporal, profundizando en las causas que provocan que el deporte o el físico ocupen un lugar tan preponderante en la vida de la persona.



 

martes, 15 de octubre de 2013

martes, 16 de octubre de 2012

La adicción al trabajo o laborodependencia

La adicción al trabajo o workalcoholism se enmarca dentro de lo que se conoce como socioadicciones, nuevas adicciones o adicciones no tóxicas.

El concepto de adicción, tradicionalmente, ha estado ligado al consumo de drogas. En la actualidad se está constatando que esté fenómeno es mucho más amplio y complejo, existiendo otros tipos de adicciones no relacionadas con el consumo de sustancias tóxicas.

Una de estas adicciones no tóxicas es la adicción al trabajo. En los últimos siglo, en las sociedades occidentales,se han conseguido avances indudables en las condiciones laborales. A principios del siglo XX se consiguió rebajar la jornada laboral a 60 horas semanales y actualmente en los países occidentales se trabaja unas 40 horas semanales. Aunque en la sociedad occidental, por una parte, se entiende que para conseguir el bienestar personal se debe equilibrar el tiempo de trabajo y el de ocio, por la otra fomenta el consumo y la adquisición de bienes, provocando que muchas personas opten por aumentar el tiempo de trabajo para mantener su nivel de vida.

Cuando una persona empieza a desarrollar una adicción al trabajo comienza a tener una sobreimplicación laboral progresiva. Poco a poco se va invirtiendo más tiempo y más esfuerzo, hasta llegar a un punto en que la persona padece consecuencias negativas.

 Algunos indicios de adicción al trabajo son:

·         Implicación excesiva y desadaptativa  al trabajo con sensación de pérdida de control
·         La causa de la sobreimplicación responde más a una necesidad personal que a necesidades  laborales específicas.
·         Deterioro de relaciones familiares y sociales.
·         Pérdida de interés por las relaciones sociales no productivas.


La negación del problema es frecuente y suelen ser los familiares los que primero lo detectan. En estos casos es siempre conveniente acudir a un profesional para que pueda asesorarnos, tanto si somos familiares como si somos los propios afectados, y hemos comenzado a tomar conciencia del problema.

miércoles, 1 de agosto de 2012

La dependencia afectiva


Aunque tradicionalmente se ha ligado el concepto de dependencia al consumo de sustancias tóxicas, en los últimos años se ha comprobado que la dependencia es un fenómeno mucho más amplio y complejo.
Las nuevas adicciones, socioadicciones o adicciones no tóxicas son tres formas diferentes de nombrar a determinadas dependencias que presentan una sintomatología similar a la que provoca el consumo de drogas.
La ludopatía o juego patológico, la adicción a las compras, a las nuevas tecnologías, al sexo o a los grupos (sectarismo) son algunas de estas dependencias sin sustancia.
En este artículo se abordará otro tipo de dependencia muy extendido: la dependencia afectiva. Se calcula que al menos una de cada diez personas puede sufrir  una dependencia afectiva.
Los dependientes emocionales presentan alteraciones a nivel relacional e intrapsíquico en tres grandes áreas:
Autoestima: el dependiente emocional tiene una baja autoestima y un pobre autoconcepto.
Relaciones interpersonales: el dependiente emocional suele tener un déficit de habilidades sociales y una gran necesidad de agradar, por lo que amolda sus conductas a las de aquellas personas especialmente significativas.
Relación de pareja: el dependiente emocional prioriza a la pareja sobre cualquier otra persona o actividad, hiperfuncionando para el/ella. La pareja se presenta idealizada y esto unido a su pobre autoestima provoca que el dependiente emocional se subordine a su pareja.
Las relaciones de pareja en las que uno o ambos miembros son dependientes emocionales son típicamente desequilibradas, pudiendo incluso aceptarse el maltrato psíquico o físico.
Al igual que los adictos a sustancias los dependientes emocionales pueden no reconocer la existencia de un problema. Es común que sean los familiares y amigos los que primero adviertan la situación y también que, al hacérselo saber al afectado, éste lo niegue o piense que los demás están exagerando.
Cuando una persona comienza a tomar conciencia del problema puede empezar a plantearse la conveniencia de acudir a un profesional. En una terapia se pueden analizar los orígenes de la dependencia  y fortalecer ciertas áreas de la vida del individuo. Una persona con mayor sensación de plenitud es una persona más protegida, ya que la dependencia emocional pierde su función de rellenar un vacío existencial.