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viernes, 20 de diciembre de 2024


                                             CREACIÓN DE TERAPIAJOVEN.ES

                    

Quiero compartir contigo que he puesto en marcha un proyecto que me hace mucha ilusión. Desde el principio de mi carrera profesional siempre me ha gustado trabajar con el público joven. Es por ello que he decidido crear una web especialmente dirigida a los jóvenes para que puedan acceder a terapia a precios reducidos.

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miércoles, 22 de enero de 2014

Tipos de obsesiones


Las obsesiones más frecuentes, tal y como se indicaba en el artículo anterior son aquellas que tienen que ver con la suciedad y la enfermedad, la agresión y la sexualidad.

A los sujetos afectados por obsesiones de suciedad se les impone el pensamiento de que ellos o algún ser querido o conocido pueden ensuciarse o contaminarse, lo que podría provocar una enfermedad o la muerte.

Las obsesiones de agresión son pensamientos intrusivos en los que las personas temen poder dañar física o verbalmente a otras personas o a sí mismos.

En las obsesiones relativas a la sexualidad las personas pueden experimentar pensamientos incestuosos, angustiarse por dudas sobre su orientación sexual o creer que podrían violar o abusar sexualmente de otras personas.

Estas obsesiones se relacionan con algunas de las compulsiones más frecuentes, como las de lavado y limpieza, comprobación, repetición o acumulación, de las que hablaremos en el próximo artículo.

martes, 21 de enero de 2014

¿Qué son las obsesiones?


Las obsesiones suelen definirse como aquellos pensamientos o imágenes que se imponen en la mente a pesar de los intentos por deshacerse de ellos. Las obsesiones producen un intenso malestar a aquellas personas que las padecen. Para aliviar dicho malestar las personas afectadas por una obsesión realizan determinadas acciones mentales o comportamientos a las que se denomina compulsiones.

Vemos, pues, que la definición clínica de la obsesión no coincide con la visión popular que tenemos de la misma. Cuando hablamos de que tal o cual persona tiene una obsesión lo que se quiere decir, en muchas ocasiones, es que está preocupado o excesivamente ocupado por algún asunto. A diferencia de las obsesiones, las preocupaciones excesivas no hacen que las personas que las padecen se sientan extrañas, se asusten o teman volverse locas; más bien estas suelen constituir un intento de solucionar una determinada situación, aunque a veces puedan llegar a provocar ansiedad.

Existen muchos tipos de obsesiones diferentes aunque las más frecuentes suelen relacionarse con la sexualidad, la enfermedad, la suciedad y las situaciones peligrosas.

Las compulsiones más frecuentes son las de comprobación, las de lavado y limpieza, las de orden y simetría, las de acumulación y las de repetición.

En el tratamiento de las obsesiones se debe aprender a manejar algunas creencias erróneas y, además, es conveniente revisar cómo se conectan las obsesiones a la historia personal del paciente, ya que éstas tienen un sentido y surgen en un momento determinado.
En un artículo posterior analizaremos más en profundidad los diferentes tipos de obsesiones y compulsiones.

miércoles, 8 de enero de 2014

El trauma y su relación con el susto, el miedo y la angustia

Susto, miedo y angustia son tres términos que a veces solemos utilizar casi como sinónimos, sin embargo pueden distinguirse claramente según su relación al peligro. En Más allá del principio del placer Freud señala que "la angustia constituye un estado semejante a la expectación del peligro y preparación para el mismo, aunque nos sea desconocido. El miedo reclama un objeto determinado que nos los inspire. En cambio, el susto constituye aquel estado que nos invade bruscamente cuando se nos presenta un peligro que no esperamos y para el que no estamos preparados; acentúa, pues, el factor sorpresa."


La angustia, para Freud, no es capaz de originar neurosis traumáticas, y más bien sería un elemento de protección frente al trauma, al predisponer al cuerpo frente al susto.


Las modernas investigaciones sobre trauma definen a este como un "acontecimiento o situación de naturaleza excepcionalmente amenazante o catastrófica" (CIE 10).


Las conclusiones de Freud serían válidas para lo que se ha llamado trauma tipo I o de episodio único. Además de este tipo de trauma existe un trauma denominado complejo en el que los episodios se repiten y, eventualmente, cesan (trauma tipo II) o bien se repiten y no cesan (trauma tipo III). En este tipo de trauma la angustia va a estar presente pero no va a constituir una protección frente al mismo.


Las respuestas emocionales postraumáticas incluyen sentimientos de rabia, ira, miedo o frustración. Las personas que han experimentado un trauma pueden, también, presentar sentimientos de vergüenza o culpa y es frecuente el bloqueo de las emociones mediante un proceso de disociación.


En artículos posteriores abordaremos los aspectos neurobiológicos del trauma y qué técnicas pueden ayudar al procesamiento del mismo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cómo destrozar tus relaciones personales con la ilusión de las alternativas



La denominada “ilusión de las alternativas” es un método muy eficaz para conseguir enrarecer sus relaciones personales. Consiste en ofrecer dos alternativas a su interlocutor y, una vez que éste ha decidido escoger una de ellas, echarle en cara no haber escogido la otra. Existen muchas variantes de la “ilusión de alternativas” pero todas tienen en común el ser un método rápido y seguro para empeorar las relaciones personales. Supongamos, por ejemplo, que regalamos a nuestra pareja dos prendas de ropa y que al abrir el envoltorio a él/ella se le ilumina la cara y se prueba rápidamente una de los dos prendas. Ese es el momento perfecto para poder utilizar la ilusión de alternativas y decirle: ¿Cariño, es que no te gusta la otra?
Puede, también, proponerle a su pareja que el próximo fin de semana podrían ir a comer a casa de sus padres o de sus suegros y, dependiendo de su respuesta, contestar: “No sé que te han hecho mis padres para que nunca quieras venir” o bien “ No sé por qué nunca me quieres llevar a comer con tus padres”.
No se olvide, tampoco, de utilizar el humor para hacer sentir mal a las personas queridas. Es muy sencillo, simplemente diga algo medio en broma, medio en serio. Si su acompañante se lo toma a broma repréndale con dureza por no tomarse las cosas en serio; si se lo toma en serio aféele su falta de sentido del humor y su incapacidad de captar las bromas.
Sólo hace falta un poco de práctica para convertirse en un experto en este tipo de tácticas y conseguir que las personas que le rodean empiecen a evitarle, primero, y, con el tiempo, se alejen definitivamente de usted.
     
  

¿Amamos al prójimo como a uno mismo? Una visión alternativa del principal mandamiento cristiano

Ronald Laing expuso en su obra Knots el siguiente trabalenguas que, aunque aparentemente puede parecer absurdo, establece la relación que existe entre el amor a uno mismo y la capacidad de amar al otro.

                                                                     
                                    No me aprecio a mí mismo

                                    No puedo apreciar a nadie que me aprecie

                                    Sólo puedo apreciar al que no me aprecia

 

                                    Aprecio a Jack,

                                    Porque no me aprecia.

                                    Desprecio a Tom

                                   Porque no me desprecia.



                                   Sólo una persona despreciable

                                   puede apreciar a alguien

                                   tan despreciable como yo.

   

                                   No puedo querer a nadie

                                   a quien yo desprecie.
 


                                   Como quiero a Jack

                                   no puedo creer  que él me quiera.

 

                                  ¿Cómo puede demostrármelo?
 
 
Este trabalenguas puede relacionarse con el consabido mandamiento cristiano "Ama al prójimo como a ti mismo". Este mandamiento, en realidad, es extremadamente sencillo de cumplir, ya que, en general, amamos a los otros de forma muy parecida a como nos amamos a nosotros mismos. 
 Muchas veces se tiene la sensación, sin embargo, de que las personas no amamos adecuadamente. La dificultad estriba, precisamente, en que conseguir un amor sano por uno mismo no es algo que todas las  personas lleguen a alcanzar.
La correcta educación de los niños y adolescentes es fundamental para que las personas puedan llegar a la vida adulta habiendo adquirido un amor adecuado por ellos mismos. Esta educación debe combinar unos límites claros que, a la vez, dejen espacio a la negociación y, sobre todo, respeten el ser del niño para que éste pueda desarrollarse. Cuando el amor de los padres es condicional y sujeto a que el hijo se comporte de una forma determinada, puede ocurrir que el niño se adapte a las expectativas de los padres, perdiendo de vista su verdadero ser. Es decir, el niño no podrá llegar a amarse por lo que es, sino por lo que hace en relación a un otro significativo. Ésta y otras dificultades pueden hacer que en la vida adulta tenga problemas para amarse y, por tanto, para amar a otros.
Este tipo de dificultades pueden ser mas frecuentes de lo que en un principio podemos pensar y no es raro ver que lo que mantiene unidas a las parejas, muchas veces, no es el amor sino más bien la necesidad.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 20 de julio de 2013

Lecciones introductorias al psicoanálisis (II): Los actos fallidos

Inauguramos una nueva serie de artículos dirigidos a todas aquellas personas que sienten interés o curiosidad por las teorías psicoanalíticas. Para ello tomaremos como referencia las conferencias que pronunció Freud durante los cursos 1915-16 y 1916-17. Estas conferencias estaban dirigidas tanto a médicos como a profanos.

                                                                                     

Incluiremos un enlace a las diferentes conferencias y un breve comentario de cada una. También completaremos estas conferencias con el comentario de algún otro artículo, ya que muchos importantes conceptos psicoanalíticos aún no habían sido abordados por Freud, entre otros la comúnmente denominada segunda tópica (la división del aparato psíquico en yo, ello y super-yo).

 
Freud dedicó las lecciones 2,3 y 4 a los actos fallidos.
Freud comienza la segunda lección realizando una clasificación de los actos fallidos (Fehlandlungen). Un primer grupo de estos actos fallidos está conformado por aquellos que se producen cuando una persona dice una palabra por otra (Versprechen), escribe algo diferente a lo que pretendía (Verschreiben), lee en un texto algo diferente a lo que aparece (Verlesen) u oye algo diferente a lo que se dijo (Verhören). Un segundo grupo lo constituirían los fenómenos basados en el olvido temporal, como, por ejemplo, cuando no podemos recordar un nombre que, sin embargo, conocemos. En un tercer grupo encontraríamos fenómenos de olvido permanente; podemos, por ejemplo, olvidar definitivamente donde habíamos guardado algo o perder algún objeto definitivamente.

Freud admite que pueden existir motivos fisiológicos y atencionales relacionados con los actos fallidos, pero éstos no se explican totalmente por aquellos.

Freud cita a dos autores, Meringer y Mayer, filólogo y psiquiatra respectivamente, que intentaron dar una explicación de los lapsus linguae de carácter fonemático, en la que unos sonidos predominan sobre otros y predisponen al error. Para Freud esta explicación tampoco es suficiente, porque los lapsus más corrientes consisten en cambiar una palabra por otra que presenta cierta semejanza con ella, y que, de alguna forma, desvelan el oculto pensamiento de quien los comete. A continuación comentamos algunos de los ejemplos expuestos por Freud:

Un catedrático, en su discurso de presentación pretendía decir: “No soy el llamado (Ich bien nicht geeignet) a hacer el elogio de mi predecesor en esta cátedra” pero se equivoca y dice “No estoy inclinado…” (Ich bin nicht geneigt…).

Un presidente de la Cámara austro-húngara abrió un día la sesión con las siguientes palabras: “Señores diputados: hecho el recuento de los presentes y habiendo suficiente número, se levanta la sesión”.

Una señora quiso alabar el sombrero de otra y le pregunta en tono admirativo: “Y ha sido usted misma quien ha adornado ese sombrero?” Pero al pronunciar la palabra adornado (aufgeputzt) cambió la u de la última sílaba en a, formando un verbo relacionado con la palabra Patzerei (facha).

Un joven aborda a una muchacha en la calle diciéndole: “Si usted me lo permite, señorita, desearía acompañarla (begleiten)”, pero en vez de este verbo formó uno nuevo (begleitdigen), compuesto del primero y beleidigen (ofender).

No es difícil ver el sentido oculto en los cuatro ejemplos, sin necesidad de tener ningún conocimiento en psicoanálisis. A veces el sujeto puede explicar sus propios lapsus. En muchas ocasiones, sin embargo, la persona no dará ninguna importancia a estos. El interrogar a la persona sobre el sentido del lapsus y sus resultados son ya, tal y como Freud expone en su tercera lección, parte del trabajo psicoanalítico. Existen abundantes ejemplos de actos fallidos en la obra “Psicopatología de la vida cotidiana.”

Ya en la lección 4 Freud divide los lapsus en función del nivel de consciencia que tiene el sujeto sobre los mismos. Así existe un primer grupo en el que la tendencia perturbadora es conocida por el sujeto de la equivocación y además se le ha revelado con anterioridad a la misma.

El segundo grupo comprende aquellos casos en los que la persona que comete la equivocación reconoce en la tendencia perturbadora una tendencia personal, pero ignora que la misma se hallaba ya activa antes de la equivocación. Por ello estos sujetos aceptan la interpretación analítica y no se ven sorprendidos por la misma.

El tercer grupo lo constituyen aquellas personas para las que la intención perturbadora les es totalmente ajena. Si se realizara una interpretación el sujeto la negaría, por no ser consciente de la misma.

Freud señala que lo común a estos tres mecanismos de la equivocación oral es que la tendencia de que se trata se encuentra rechazada. Así, aunque en los dos primeros grupos la tendencia perturbadora es reconocida por el mismo sujeto, la persona ha decidido no dejarla surgir en su discurso, aunque finalmente se presenta a pesar del sujeto.

Además de estos lapsus y los errores de escritura o lectura, existen actos que Freud denomina de término erróneo o torpezas (Vergreifen), mediante los cuales realizamos deseos que deberíamos rechazar. En estos casos suele disfrazarse la intención bajo la forma de un despiste o casualidad. Un ejemplo sacado de mi práctica clínica es el siguiente: un estudiante universitario siente animadversión por un compañero de clase, pero ésta nunca se ha expresado y además pertenecen al mismo grupo de amigos. Un día, después haber quedado para comer en un restaurante, los estudiantes se despiden dándose abrazos. Al despedirse este estudiante del compañero por el que siente antipatía hace el gesto de abrazarle, pero golpea de forma inconsciente con su hombro la cabeza del compañero.

En el siguiente enlace puede acceder a las lecciones dictadas por Freud

Lecciones introductorias al psicoanálisis (I)


                                                                                    

Inauguramos una nueva serie de artículos dirigidos a todas aquellas personas que sienten interés o curiosidad por las teorías psicoanalíticas. Para ello tomaremos como referencia las conferencias que pronunció Freud durante los cursos 1915-16 y 1916-17. Estas conferencias estaban dirigidas tanto a médicos como a profanos.

Incluiremos un enlace a las diferentes conferencias y un breve comentario de cada una. También completaremos estas conferencias con el comentario de algún otro artículo, ya que muchos importantes conceptos psicoanalíticos aún no habían sido abordados por Freud, entre otros la comúnmente denominada segunda tópica (la división del aparato psíquico en yo, ello y super-yo).

En la primera lección, meramente introductoria, Freud define el tratamiento psicoanalítico como un “intercambio de palabras entre el paciente y el analista” y añade que “por medio de las palabras puede un hombre hacer feliz a un semejante o llevarle a la desesperación.”

Freud también alerta a sus oyentes de tres dificultades que se encontraran para acceder al psicoanálisis:

1.     La conversación que constituye el tratamiento psicoanalítico es absolutamente secreta y no tolera la presencia de una tercera persona. El psicoanálisis sólo puede aprenderse, de forma muy limitada, mediante un autoanálisis de ciertos fenómenos anímicos. Para acceder a un conocimiento de cierta amplitud haría falta analizarse, lo que también permitirá al sujeto experimentar en su propio ser los beneficios del psicoanálisis.

2.     La visión médica (en la actualidad podríamos decir, más bien, el discurso biologicista) que funda en causas anatómicas las funciones orgánicas y sus perturbaciones y a explicarlas desde los puntos de vista físico y químico, olvidando la vida psíquica.

3.     La tercera dificultad tendría que ver con un doble prejuicio, uno de carácter intelectual y el otro de orden moral, a dos afirmaciones psicoanalíticas. El primero de ellos tiene que ver con la afirmación psicoanalítica de que los procesos psíquicos son fundamentalmente inconscientes, siendo los procesos conscientes fracciones de la vida anímica total. Esta primera afirmación está íntimamente enlazada con la segunda, que establece la importancia de los impulsos sexuales (en sentido amplio) en la vida psíquica de las personas.   



lunes, 10 de junio de 2013

¿Por qué nos deprimimos?


En este artículo voy a hablar brevemente de un problema que aqueja a cada vez más personas: la depresión.  
En primer lugar presentaré algunas teorías cognitivo-conductuales sobre la depresión y, posteriormente, una breve explicación psicoanalítica sobre la misma.

1. Teorías cognitivo-conductuales sobre la depresión 

La teoría de Beck:
Según esta teoría las personas se deprimen por tres causas principales:
1)      Cuando se ven a sí mismas de forma negativa
2)      Cuando ven su medio ambiente de forma negativa
3)      Cuando ven el futuro de forma negativa

La teoría del autorrefuerzo y el autocastigo:
Esta teoría considera que las personas crean sus propia depresión al administrarse bajas dosis de autorefuerzo positivo y/o altas dosis de autocastigo y al tener un sesgo cognitivo con respecto a la cantidad de refuerzos positivos que reciben (infravaloración de los refuerzos positivos reales).
La teoría de Seligman:
Según esta teoría las personas con depresión atribuyen a causas internas, globales y estables los sucesos negativos, mientras que consideran que los acontecimientos positivos se deben a factores  específicos, internos e inestables.
La teoría de Lewinson:
Considera de forma aún más específica que la teoría del refuerzo y el autocastigo que el factor más importante en la depresión suele ser la carencia de acontecimientos agradables y de refuerzos contingentes positivos en la vida de la persona.
La teoría de Ellis:
Albert Ellis es el creador  de la terapia racional emotivo-conductual. Según esta teoría lo que en realidad hace que una persona se deprima es una filosofía de base dogmática, absolutista y grandiosa. Según esta teoría la depresión esta causada por “deberías subyacentes” del tipo:
“No debo tener ninguna característica negativa o seré una persona inadecuada”.
“Debo ser amado y aceptado por todas aquellas personas que son importantes para mí”.
“El mundo debería funcionar mejor y si no encuentro soluciones perfectas a las duras realidades de la vida será algo terrible y catastrófico”.

2. Una visión psicoanalítica de la depresión


Desde una  perspectiva psicoanalítica fue Freud, en 1915, el que hizo una excelente descripción de las diferencias existentes entre el duelo y la depresión (a la que él denomina melancolía). En su artículo “Duelo y melancolía” Freud indica que “el duelo es, por lo general la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente: la patria, la libertad, el ideal, etc. Bajo estas mismas influencias surge en algunas personas, a las que por lo mismo atribuimos una predisposición morbosa, la melancolía en lugar del duelo.”
Ambos estados compartirían un estado de ánimo doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar y la inhibición de todas las funciones. Lo que diferencia a ambas es que en la melancolía, además, está presente una disminución del amor propio, que se puede traducir en reproches, autoacusaciones e incluso en una necesidad de ser castigado.
Freud constata que, paradójicamente, la pérdida de un objeto tiene efectos en el propio yo del  melancólico. Esto se debería a una elección de objeto de tipo narcisista. Ante una ofensa real o un desengaño de la persona amada el sujeto la abandona, pero, en lugar de desplazar la libido a otro objeto el sujeto, la retrae al propio yo y establece una identificación del yo con el objeto abandonado. De este modo la pérdida del objeto se transforma en una pérdida del yo, que será juzgado a partir de ahora con la dureza con la que se juzgaría al objeto abandonado.
En este escrito Freud también hace otra importante aportación, al señalar la tendencia de la melancolía a transformarse en manía (lo que en la nosología psiquiátrica actual se denomina trastorno bipolar).
Más allá de todas las posibles explicaciones que se puedan dar sobre la depresión es recomendable que cualquier persona que crea padecerla  lo consulte a un profesional.  Es comprensible que, por diversos motivos, a una persona le pueda resultar difícil acudir a un psicólogo. Si somos capaces de vencer estas reticencias comprobaremos que un psicólogo puede ayudarnos a vencer a  la depresión y otras dificultades. Vivir de una forma más satisfactoria es posible.

viernes, 18 de enero de 2013

¿Para qué acudir a un psicólogo?


Las personas acuden a la consulta de un psicólogo por motivos muy diversos: depresión, ansiedad, falta de habilidades sociales, duelo por la pérdida de un ser querido, problemas familiares o de pareja, dificultades sexuales, trastornos alimentarios y un largo etcétera de posibles síntomas que aquejan al individuo.
Podemos preguntarnos, entonces, si, a pesar de la variedad de síntomas, hay algo en común en las personas que deciden consultar a un psicólogo. Todas estas personas presentan, desde luego, un sufrimiento íntimo. El sufrimiento, que siempre es un compañero que no deseamos, posee, sin embargo, una importante función: indicarnos que, de alguna forma, hemos equivocado el camino y que las cosas quizá no sean tal y como nosotros las pensamos.
Otra característica compartida por la práctica totalidad de las personas que acuden a un psicólogo es la soledad. Algunas personas presentan soledad física y manifiestan no tener casi amigos, y/o llevarse mal con los familiares o la pareja. Se trata de una soledad sintomática. Lo interesante es que el resto de personas que acuden al psicólogo y sí parecen tener una buena red social y familiar tampoco se libran de la soledad. Este sentimiento de soledad puede derivarse de otro sentimiento: la vergüenza. Si el individuo se avergüenza de su síntoma probablemente no lo compartirá con nadie y portará esta carga en soledad.
Algunos sujetos sí serán capaces de comentar su síntoma a otras personas pero es posible que no obtengan la respuesta deseada: quizá obtengan como respuesta una crítica, una respuesta tranquilizadora (“eso no tiene importancia”) o, en el mejor de los casos,  un consejo bienintencionado (pero inútil). Todas estas respuestas conseguirán que la persona se sienta aún más sola.
Una buena escucha, realizada por un profesional, puede ayudar a la persona a vencer esa soledad y, a la vez, proporcionará las pistas para esclarecer el síntoma y plantear las posibles soluciones al mismo.

miércoles, 9 de enero de 2013

Actitudes del terapeuta

No es fácil pedir ayuda. Aún lo es menos si la ayuda se solicita a un profesional. Cuando una persona decide acudir a un psicólogo normalmente ya lleva un tiempo sufriendo. El miedo al qué dirán, o a admitir abiertamente que se tiene una dificultad suele retrasar esta decisión. La persona, además, puede sentir un miedo legítimo a cómo será tratado por el psicólogo: ¿Será capaz de entenderme? ¿Me juzgará? ¿Intentará cambiarme? Es mucha la incertidumbre y por eso acudir a un psicólogo es, en realidad, un acto de valentía. 

El psicoterapeuta debe saber acompañar a la persona para que este paso valiente que se ha dado sea sólo el primero de una serie que permita al cliente ir transformando su vida a su propio ritmo. Para ello, siguiendo a Rogers, el psicoterapeuta debe tener tres actitudes fundamentales:


                    

Empatía: es la capacidad del terapeuta de entrar en el mundo del cliente, comprendiendo su punto de vista.

Aceptación incondicional: implica ser capaz de aceptar a la persona tal y como es, aceptando sus experiencias y sentimientos.

Congruencia: consiste en ser uno mismo, sin escudarse en máscaras o fachadas, o refugiado en su rol profesional.

Es muy probable que un profesional con estas tres características, independientemente de su enfoque, pueda acompañar a la persona en el proceso de cambio, ya que la hará sentirse cómoda y protegida, pudiendo arriesgarse a decir lo que piensa o siente sin el miedo a sentirse juzgada.





martes, 16 de octubre de 2012

La adicción al trabajo o laborodependencia

La adicción al trabajo o workalcoholism se enmarca dentro de lo que se conoce como socioadicciones, nuevas adicciones o adicciones no tóxicas.

El concepto de adicción, tradicionalmente, ha estado ligado al consumo de drogas. En la actualidad se está constatando que esté fenómeno es mucho más amplio y complejo, existiendo otros tipos de adicciones no relacionadas con el consumo de sustancias tóxicas.

Una de estas adicciones no tóxicas es la adicción al trabajo. En los últimos siglo, en las sociedades occidentales,se han conseguido avances indudables en las condiciones laborales. A principios del siglo XX se consiguió rebajar la jornada laboral a 60 horas semanales y actualmente en los países occidentales se trabaja unas 40 horas semanales. Aunque en la sociedad occidental, por una parte, se entiende que para conseguir el bienestar personal se debe equilibrar el tiempo de trabajo y el de ocio, por la otra fomenta el consumo y la adquisición de bienes, provocando que muchas personas opten por aumentar el tiempo de trabajo para mantener su nivel de vida.

Cuando una persona empieza a desarrollar una adicción al trabajo comienza a tener una sobreimplicación laboral progresiva. Poco a poco se va invirtiendo más tiempo y más esfuerzo, hasta llegar a un punto en que la persona padece consecuencias negativas.

 Algunos indicios de adicción al trabajo son:

·         Implicación excesiva y desadaptativa  al trabajo con sensación de pérdida de control
·         La causa de la sobreimplicación responde más a una necesidad personal que a necesidades  laborales específicas.
·         Deterioro de relaciones familiares y sociales.
·         Pérdida de interés por las relaciones sociales no productivas.


La negación del problema es frecuente y suelen ser los familiares los que primero lo detectan. En estos casos es siempre conveniente acudir a un profesional para que pueda asesorarnos, tanto si somos familiares como si somos los propios afectados, y hemos comenzado a tomar conciencia del problema.

El efecto Coolidge


El efecto Coolidge se refiere al aumento de la intensidad y frecuencia de la respuesta sexual cuando el estímulo que la provoca es novedoso. Recoge el hecho de que los individuos suelen desear la novedad en sus relaciones íntimas, ya que las relaciones duraderas suelen presentar efectos de habituación y saciación.
Este efecto recibe su nombre de una divertida anécdota protagonizada por el gobernador estadounidense Coolidge y su esposa durante una visita gubernamental a una granja. Al parecer  ambos miembros del matrimonio visitaron la granja realizando itinerarios diferentes. La Sra. Coolidge, en su visita, contemplo un corral en el que había un saludable gallo del que se referían toda clase de hazañas sexuales, siendo capaz de copular varias decenas de veces al día. Al oír esto, la Sra. Coolidge, gratamente sorprendida, solicitó a los encargados que por favor comunicaran este dato a su marido. Cuando el gobernador Coolidge llegó al corral, los empleados, además de contarle la misma historia sobre el gallo le indicaron el interés de su esposa en que él supiera la cifra exacta de cópulas. Sin perder la compostura, el gobernador, que había observado que en el corral había numerosas gallinas, preguntó a los encargados si el gallo copulaba siempre con la misma gallina o podía disfrutar de todas ellas. Los acompañantes le indicaron que, por supuesto, el gallo podía acceder a cualquiera de ellas. Satisfecho con esta contestación el gobernador solicitó amablemente que comunicaran este dato a su esposa.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El ciclo vital y sus dificultades

En este artículo pretendo acercaros al concepto de ciclo vital. El ser humano está en cambio continuo, aunque existen ciertas épocas de la vida en la que estos cambios se aceleran y pueden provocar síntomas.
El ciclo vital es el proceso de desarrollo que recorren las personas y las familias a través de una serie de etapas. Aunque existen diferencias culturales, estas etapas se consideran universales y por eso el ciclo vital se denomina normativo.
Según Jay Haley existen 6 periodos del ciclo vital:
1)      Galanteo
2)      El matrimonio y sus consecuencias
3)      El nacimiento de los hijos.
4)      Dificultades matrimoniales del período intermedio
5)      El destete
6)      El retiro de la vida activa y la vejez

1) Galanteo
Objetivos
Los principales objetivos que se deben conseguir en este periodo son conseguir pareja, acceder a un puesto de trabajo y ser capaces de discriminar qué valores familiares nos han sido transmitidos.
Estresores:
En este periodo se deben superar los miedos asociados a la sexualidad, se debe explorar más allá del ámbito familiar, comprobando su eficacia en el mundo adulto y se debe decidir qué valores de la familia se desean conservar y cuáles abandonar.
Habilidades a desarrollar:
a) En relación al cortejo:
- Perfeccionar las conductas de cortejo eligiendo un modelo de cortejo determinado.
- Gestión de la vida sexual
b) En relación al trabajo:
- Habilidades interpersonales
- Habilidades instrumentales concretas en el trabajo
c) En relación a la familia de origen:
- Manejar la ambigüedad
- Clarificar los valores
2) El matrimonio y sus consecuencias
Objetivos:
  En esta etapa se debe acordar la relación que se establecerá con las familias de origen, consensuar los aspectos prácticos de la vida en común y establecer el territorio propio de la pareja con una independencia relativa de las familias de origen
Estresores:
Los principales estresores con los que nos encontraremos en esta etapa son consensuar la repartición de roles con la pareja, realizar una planificación de futuro, fundar un hogar y establecer en él rutinas de convivencia y establecer límites con las familias de origen.
Habilidades a desarrollar:
En esta etapa nos harán falta habilidades para la resolución de conflictos de pareja, habilidades laborales para conseguir la independencia económica de los padres y habilidades para la gestión del hogar.
3) El nacimiento de los hijos
Objetivos:
- Tener hijos.
- Acordar las normas acerca de la crianza y los roles que asumirá cada miembro de la pareja.
- Establecimiento de nuevos límites a las familias de origen.
Estresores:
- El embarazo y sus consecuencias (si es o no deseado, si llega en el momento oportuno, cómo afecta el embarazo al puesto de trabajo, posibles complicaciones físicas, etc.).
- El nacimiento y sus consecuencias (pérdida de sueño y descanso, reformas en el hogar, ansiedad ante el desempeño como padres, etc.).
- Educación (conflicto de valores entre ambos miembros de la pareja y con las respectivas familias de origen, sobrecarga económica, etc.).
Habilidades a desarrollar:
- Instrumentales en relación a la crianza
- Consolidación del modo de elaborar los desacuerdos
- Nueva disputa de territorialidad y compaginación de valores
- Asignación de los roles como padres.
4. Dificultades del periodo intermedio
Objetivos:Los principales objetivos en esta etapa son disfrutar de lo construido y ser capaces de gestionar la nueva situación y sus obligaciones.
Estresores:
Los dos principales estresores en este momento vital son la gestión de la carrera profesional en la madurez, afrontando el duelo por los objetivos no cumplidos y los conflictos derivados de la nueva situación vital, con más tiempo libre después de la incorporación de los hijos al sistema educativo pero también con nuevas obligaciones.
Habilidades:
- Consolidar las habilidades del período anterior, aprendiendo a resolver las nuevas situaciones que se presenten.
- Consolidar el territorio propio de la pareja con respecto al resto de la familia y de la familia con respecto a la familia extensa.
- Consolidar las pautas de interacción de la pareja
5- Destete de los padres
Objetivos:
En esta etapa del ciclo vital los padres:
-          Han de ser capaces de dejar partir a sus hijos y confiar en sus recurs
-          Deben quedarse solos  y reorganizar sus vidas sin los hijos.
Y los hijos:
-            Han de decidir con qué valores de su familia se quedan y cuáles desechan
-            Han de separarse de su familia a la vez que siguen involucrados en ella.
Estresores:
- La marcha de los hijos parece suponer un estresor en sí mismo
- Los conyuges deben  gestionar una nueva forma de comunicación eficaz sin los hijos.
- Los padres deben ser capaces de abandonar su rol de padres y empezar a ver a sus hijos como adultos.
- Los hijos deben gestionar no sólo los estresores propios del galanteo sino las discusiones que pueden surgir entre sus padres a raíz del destete.
6) El retiro de la vida activa y la vejez
Objetivos:
El principal objetivo de esta etapa es disfrutar de lo conseguido durante los periodos anteriores.
Estresores:
- La pérdida de las relaciones sociales, prestigio o poder
- La disminución de ingresos
- Cambios en la estructuración del tiempo (mayor tiempo libre)
- Afrontamiento de duelos sucesivos (muerte, enfermedad del cónyuge, muerte de familiares y amigos de la misma generación, etc.)
Habilidades a desarrollar:
- Construcción de una nueva red social o mantenimiento de la antigua
- Capacidad de disfrutar lo que se ha logrado.
- Capacidad de elaborar un proyecto ilusionante, distinto del simple envejecer
- Armado de una nueva red, o fortalecimiento de la antigua.

Los cambios de un ciclo vital a otro suelen ser típicamente sintomáticos para las personas, ya que ponen a prueba la estructura familiar y social en la que se inserta un individuo y su propia estructura psíquica, que debe ser capaz de gestionar los cambios y adaptarse a las nuevas situaciones. Cuando notamos que un cambio de ciclo vital nos está provocando síntomas como ansiedad, insomnio, pérdida de ilusión, etc., y si estos no remiten en poco tiempo es conveniente que lo consultemos a un profesional que pueda ayudarnos

¿Por qué tenemos ansiedad?

En este artículo pretendo que hagamos un acercamiento al concepto de ansiedad, que aqueja, por diferentes motivos, a muchas personas, y es motivo frecuente de consulta.
La primero que deseo indicar es que la ansiedad es adaptativa, proporciona ventajas evidentes para la supervivencia del organismo y por ello podemos hablar de una ansiedad normal. Esta ansiedad normal la puede sentir un adulto cuando se enfrenta a la vejez o a la posibilidad de la muerte, un adolescente cuando se enfrenta a su primera cita o un niño en su primer día de escuela. La ansiedad, por tanto, acompaña al ser humano en sus procesos de crecimiento y cambio y en su búsqueda de la propia identidad y del sentido de la vida. El sentimiento de ansiedad se caracteriza por una sensación de aprensión vaga, difusa y desagradable, que a menudo se acompaña de síntomas autonómicos como palpitaciones, sudoración, dolor de cabeza o molestias estomacales.
A un nivel práctico la ansiedad patológica se diferencia de la normal por la evaluación que hacen de ella los pacientes, sus familiares o amigos o el propio clínico.
Históricamente fue Sigmund Freud el que acuñó, hace más de 100 años, el término de “neurosis de ansiedad”. En un primer momento identificó dos formas de ansiedad. El primer tipo de ansiedad tenía que ver con la represión de la libido. Al producirse un incremento fisiológico de la tensión sexual se producía el correspondiente incremento de la libido, la representación mental de ese estado fisiológico. Según Freud cuando esta tensión no podía liberarse mediante el acto sexual se produciría una neurosis, como la neurastenia, la hipocondría o la neurosis de ansiedad, para las que postuló una base biológica.
La otra clase de ansiedad estaría caracterizada por un sentimiento de preocupación o temor originado por un deseo o pensamiento reprimido. Freud pensaba que este tipo de ansiedad tenía una base más psicológica que biológica y era la responsable de las psiconeurosis (histeria, neurosis obsesiva y fobias). Para Freud este tipo de ansiedad era menos intensa que la observada en las neurosis de tipo fisiológico.
Esta primera teoría sobre la ansiedad fue modificada por Freud en 1926 en Inhibición, síntoma y angustia, considerando que tanto la ansiedad externa real como la interna neurótica son una respuesta a situaciones peligrosas. Freud identificó dos tipos de situaciones generadoras de ansiedad. La primera de ellas se produce cuando la excesiva presión del ambiente penetra las barreras del yo, produciendo un estado de indefensión y trauma. El prototipo de estas situaciones sería la experiencia del nacimiento. La segunda situación, más común, no esta relacionada directamente con un peligro, sino con la anticipación de ese peligro.
Aunque Freud no llegó a distinguir entre miedo y ansiedad las formulaciones postfreudianas establecen una diferencia psicológica entre las dos respuestas emocionales al observar la naturaleza aguda del miedo frente a la cronicidad de la ansiedad.
Según las teorías conductuales la ansiedad es una respuesta condicionada a estímulos ambientales específicos. Un estímulo ambiental neutro puede dejar de serlo al asociarse a un estímulo aversivo y, por generalización, la persona podrá sentir ansiedad ante estímulos parecidos a ese estímulo que, en origen, era neutro. También se postula que la ansiedad puede generarse mediante aprendizaje vicario (observando, por ejemplo, la ansiedad de los padres).
Las teorías cognitivas sostienen que la ansiedad va acompañada de pensamientos distorsionados, defectuosos o contraproducentes.
Las teorías biológicas afirman que los cambios biológicos preceden a los conflictos psicológicos. Los pacientes con trastornos de ansiedad, en especial con crisis de angustia, tendrían un sistema nervioso autónomo con mayor tono simpático, que se adaptan lentamente a los estímulos repetidos y que responden excesivamente a estímulos moderados.
Los tres principales neurotransmisores relacionados con la ansiedad son la noradrenalina, la serotonina y el ácido-aminobutírico (GABA):
Noradrenalina: la teoría general sostiene que los pacientes afectados tienen un sistema noradrenérgico peor regulado que el resto de personas y con explosiones de actividad.
Serotonina: La relación establecida entre serotonina y ansiedad tiene su origen en la observación de que los antidepresivos serotoninérgicos tenían efectos terapéuticos en algunos trastornos de ansiedad.
GABA: el papel de este ácido en la ansiedad se apoya en la contrastada eficacia de las benzodiacepinas (que potencian la actividad de este neurotransmisor) en el tratamiento de los trastornos de ansiedad.
Más allá de todas estas posibles explicaciones es necesario saber que la ansiedad puede ser tratada. El objetivo de un tratamiento psicológico no es conseguir que la ansiedad desaparezca, pero sí hacer que ésta disminuya a niveles manejables para la persona, de forma que no interfiera en su vida diaria. Una posible forma de conseguir este objetivo es mediante terapias basadas en la escucha, como las de corte psicoanalítico o humanista. En este tipo de terapias se posibilita que la persona pueda hablar sobre su ansiedad y relacionar ésta con su particular historia de vida, que ha dejado marcas en su subjetividad. La re-elaboración de esta historia de vida facilita que la persona pueda cambiar su posición subjetiva, permitiendo que tanto la ansiedad como otros síntomas puedan remitir.






miércoles, 1 de agosto de 2012

La dependencia afectiva


Aunque tradicionalmente se ha ligado el concepto de dependencia al consumo de sustancias tóxicas, en los últimos años se ha comprobado que la dependencia es un fenómeno mucho más amplio y complejo.
Las nuevas adicciones, socioadicciones o adicciones no tóxicas son tres formas diferentes de nombrar a determinadas dependencias que presentan una sintomatología similar a la que provoca el consumo de drogas.
La ludopatía o juego patológico, la adicción a las compras, a las nuevas tecnologías, al sexo o a los grupos (sectarismo) son algunas de estas dependencias sin sustancia.
En este artículo se abordará otro tipo de dependencia muy extendido: la dependencia afectiva. Se calcula que al menos una de cada diez personas puede sufrir  una dependencia afectiva.
Los dependientes emocionales presentan alteraciones a nivel relacional e intrapsíquico en tres grandes áreas:
Autoestima: el dependiente emocional tiene una baja autoestima y un pobre autoconcepto.
Relaciones interpersonales: el dependiente emocional suele tener un déficit de habilidades sociales y una gran necesidad de agradar, por lo que amolda sus conductas a las de aquellas personas especialmente significativas.
Relación de pareja: el dependiente emocional prioriza a la pareja sobre cualquier otra persona o actividad, hiperfuncionando para el/ella. La pareja se presenta idealizada y esto unido a su pobre autoestima provoca que el dependiente emocional se subordine a su pareja.
Las relaciones de pareja en las que uno o ambos miembros son dependientes emocionales son típicamente desequilibradas, pudiendo incluso aceptarse el maltrato psíquico o físico.
Al igual que los adictos a sustancias los dependientes emocionales pueden no reconocer la existencia de un problema. Es común que sean los familiares y amigos los que primero adviertan la situación y también que, al hacérselo saber al afectado, éste lo niegue o piense que los demás están exagerando.
Cuando una persona comienza a tomar conciencia del problema puede empezar a plantearse la conveniencia de acudir a un profesional. En una terapia se pueden analizar los orígenes de la dependencia  y fortalecer ciertas áreas de la vida del individuo. Una persona con mayor sensación de plenitud es una persona más protegida, ya que la dependencia emocional pierde su función de rellenar un vacío existencial.

lunes, 16 de julio de 2012

Los mecanismos de defensa: las defensas neuróticas

Las defensas neuróticas, para Anna Freud, son aquellas utilizadas por las personas histéricas u obsesivas y también pueden ser utilizadas, bajo condiciones de fuerte estrés, por adultos no neuróticos. Algunos tipos de defensas neuróticas son las siguientes:
Disociación: Mecanismo típico de la histeria por el que se produce una modificación drástica (pero temporal y reversible) del carácter del individuo o de su identidad. El uso de drogas o fenómenos como los estados místicos también pueden producirla.
Control: Su función  es minimizar la ansiedad y atenuar los conflictos internos mediante el intento exhaustivo de control  de los objetos del entorno.
Desplazamiento: Se produce cuando la catexis  de una emoción o un impulso  provocado por una idea o un objeto se trasladan o bien a un objeto similar o bien a un objeto disímil pero con una característica común al objeto original. El desplazamiento permite la representación simbólica del objeto original reduciendo de esta forma la catexis y provocando menos malestar que el original.
Inhibición: Su función es minorar la ansiedad que provocan los conflictos derivados del entorno, los impulsos instintivos o el superyó. Mediante la inhibición el sujeto limita, de manera consciente, su acción en el mundo.
Intelectualización: Utilización inadecuada de los procesos intelectuales para evitar entrar en contacto con los afectos.
Aislamiento: Separación de una idea del afecto que lo acompaña.
Racionalización: Mecanismo utilizado para justificar determinadas actitudes o comportamiento personales que son inaceptables para el sujeto.
Represión: Principal mecanismo de defensa para Sigmund Freud. La represión primaria consiste en detener las representaciones antes de que traspasen la barrera consciente. Mediante la represión secundaria se eliminan de la conciencia materiales que habían alcanzado este nivel. El material reprimido no desaparece y puede advertirse su presencia en las denominadas  formaciones del inconsciente (como los sueños o los actos fallidos).
Sexualización: su función es protegerse de ansiedades derivadas de impulsos prohibidos otorgando un significado sexual a un objeto o función que originariamente no lo tenía (o lo tenía en menor grado).